Anoche hacía viento pero no como para tirar una palmera. Algunos de los presentes, con cara de tener estudios superiores, apuntaron al picudo rojo y sus gustos culinarios como causantes. El viento entonces sólo sería el detonante. Nada que lamentar salvo una palmera menos en la ciudad. Mientras tanto algún chapista durmió ayer algo más feliz. Todo ocurrió en el antiguo preventorio del Niño Jesús, sede provisional de la alcaldía. Enfrente del CAMA.

La victoria del Almería sobre el Granada según la web del Granada CF

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Era la primera vez que el Almería y el Granada se enfrentaban en primera división en el partido correspondiente a la 18ª jornada de liga disputado en el estadio de los Juegos del Mediterráneo. Sin entrar a hacer valoraciones, vamos a dejar que las hagan desde el propio club granadino. La semana antes del partido, José Ignacio Cejudo diseccionaba así al Almería en la web del Granada Club de Fútbol (www.granadacfweb.com):

Suplir con calidad la inocencia

El Granada visita al Almería en el que supone el primer partido del 2014 tras las vacaciones por fiestas navideñas. Fiestas que han dejado en Almería dos regalos en forma de fichajes: el lateral izquierdo y mítico del club, Mané, y el central chileno Hans Martínez, procedentes de Maccabi Tel Aviv y Universidad Católica de Chile, respectivamente. Además, el canterano Jonathan Zongo, que contó con muchos minutos el año del ascenso, se reincorpora al primer equipo. Por otro lado, el equipo que entrena el exjugador Francisco ha sufrido las bajas de su central Pellerano y del lateral izquierdo Christian.

Un Almería que ha levantado cabeza en las últimas jornadas, ya que hasta la undécima jornada con la victoria en Mestalla, los almerienses no sabían lo que era ganar un partido. Llegaban a esa altura con cuatro puntos en el casillero y la sensación de ser un buen equipo, pero inocente. Tras imponerse al Valencia, se lograrían dos victorias más hasta que la visita del Real Madrid destrozó al equipo. El Almería volvía a reencontrarse con sus fantasmas con la derrota ante el Celta y el empate en casa con el Espanyol, pero los tres puntos logrados del Benito Villamarín dieron paz al equipo de Francisco.

El juego de los almerienses no se entiende sin la posesión a favor. Un equipo hecho para combinar y dominar a su rival a través de la tenencia del esférico, gustoso de los dos contra uno en banda bien explotados por dos jugadores a pierna cambiada como Aleix Vidal –correcaminos- desde la izquierda y Suso –gran calidad, pero con problemas extradeportivos- desde la derecha, doblados por Dubarbier y Rafita –Nelson es baja- respectivamente. En el centro del campo, aunque Francisco ha probado en algunos partidos con un trivote dando entrada a Marcos Tébar, lo más habitual es que actúe con dos jugadores, Azeez y Verza. Dos jugadores muy físicos y con buen trato de balón. En la mediapunta estará Fernando Soriano, emblema del equipo y el jugador más querido por la grada, todo coraje y llegada pese a una técnica limitada. En la delantera, Rodri acapara todo el protagonismo pero ha sido baja en las últimas fechas y es duda para el partido. Sería sustituido por Óscar Díaz, un jugador con poco gol y de poca fiabilidad para la grada almeriense.

En la calidad de sus jugadores de la mediapunta se basan la mayor parte de las opciones del cuatro almeriense. No obstante, el Almería es un conjunto con muchas carencias en el aspecto defensivo. El espacio entre líneas da muchas opciones para las llegadas de su rival y la falta de contundencia de su zaga provoca situaciones dramáticas ante las que se ve obligado a actuar Esteban, quién ya a ha salvado varios puntos para su equipo. Por su parte, sus laterales son de marcado carácter ofensivo y sufren a la hora de defender, algo que podría explotar muy bien Yacine Brahimi. Ocupar el campo de forma estratégica para presionar la salida de balón y tener presencia en las zonas más descuidadas por los locales, como por momentos se hizo en Vallecas, debería ser una de las claves de Lucas Alcaraz para sacar los tres puntos en su visita al Estadio de los Juegos del Mediterráneo.

Siendo así como dicen los del Granada que es el Almería, conociéndolo como dicen conocerlo y sabiendo cómo jugarle es extraño que se hayan llevado 3 goles en contra de su visita a Almería. Pero, en fin, de estas cosas son así. En la web del MARCA dicen que las claves del partido han sido:

  • Sobre la intensidad.- Puso más empeño el Almería en imponer sus intenciones al Granada. Fue superior en todas las líneas y controló el duelo sin problemas casi todo el partido.
  • Sobre el acierto.- Los locales tomaron mejores decisiones en los últimos metros y consiguieron desarbolar a una insegura defensa granadinista.
  • Sobre porteros.- Esteban y Karnezis protagonizaron una exhibición de reflejos bajo palos en la primera media hora de la segunda parte.asas

Hoy, después del partido, el que escribe en la web del Granada es Álvaro López que titula su crónica ‘Pesadilla después de Navidad’:

Derrota clara y contundente del Granada en Almería. Un encuentro pésimo de los granadinistas que no tuvieron opciones durante ningún momento. Tan sólo se libraron de la quema Karnezis, que salvó de la humillación al Granada y Brahimi y Piti que algo lo intentaron. Un Almería sublime demostró que la intensidad es buena parte de una victoria y de eso carecieron los granadinos.

Noche de reencuentros en los Juegos del Mediterráneo. Lucas Alcaraz volvió a uno de los últimos escenarios en los que demostró ser un técnico bastante competente que le ha llevado dirigir al equipo de su tierra. Un Granada que hoy debutaba en la máxima categoría en el estadio almeriense en un duelo inédito en la Liga BBVA. Y sobre todo reencuentros porque volvió el fútbol con el año nuevo.

Aunque los primeros compases de juego correspondieron por lógica al Almería, pues jugaban en casa y debían ir a por los tres puntos, fue el Granada el que mediante el trivote comenzó a templar el juego con un Brahimi muy móvil por el flanco de ataque. Sin embargo quien más peligro llevó durante esos minutos fue el Almería con muy buenas acciones a balón parado y un público enchufado. Merced a ello, Dubarbier hizo el primero en el minuto 13 de partido tras un buen centro de Aleix Vidal.

Tras el gol el Granada comenzó a echar en falta a su centro del campo. La gran presión del Almería mermó las capacidades de mantener la posesión para los de Alcaraz y comenzaron a rifarse demasiados balones. Y como los males nunca vienen solos, la indolencia granadina se vio pagada con un penalti en contra que puso el dos a cero para el Almería a la media de hora de partido. Y todo por una gran diferencia: la intensidad que los locales sí tenían y que los granadinos no tomaron.

Para ver cómo estaba siendo el drama granadino sólo había que ver a un Iturra desesperado achicando balones en un centro del campo en el que se sentía sólo al tiempo que Piti era el único que lo intentaba con algunos destellos de Brahimi. Destellos que sirvieron para acabar la primera parte más cerca del área de Esteban pero con insuficiente intensidad para lograr acortar distancias.

Dispuesto a cambiar las cosas, Lucas Alcaraz decidió mover el banquillo en el descanso y quitó a un indolente El Arabi que no había comparecido sobre el césped almeriense dando la alternativa a Riki. Un Riki dispuesto a seguir sumando méritos para ser titular. Pero el toma y daca lo comenzó de nuevo el Almería cuando estuvo a punto de marcar de corner nada más rodar de nuevo el balón. Karnezis estuvo muy acertado para despejar la bola. Demostrando que el meta había olvidado su regular partido en Copa frente al Alcorcón.

La intensidad impuesta por el Almería en los primeros cincuenta minutos comenzó a pasarles factura. Ello unido a que Alcaraz introdujo a Buonanotte, hicieron ver una sensación de que el Granada crecía en juego pero en poco más. Alguna ocasión aislada pero sin peligro real. Demasiado conformismo granadino que parecía más ir ganando que querer merecer al menos empatar.

El partido acabó en el 81 de partido cuando Vidal aprovechó un contragolpe para hacer el tercero y certificar la muerte granadina en los Juegos del Mediterráneo. Partido para olvidar de los granadinos que no fueron ni la sombra de lo que han demostrado hasta ahora en la Liga. El peor encuentro de la Liga muy posiblemente.

Vaya por Dios. Y no será porque no tenían claro cómo evitarlo. Ni porque no fuera fácil con un equipo tan ‘inocente’ enfrente.

Una primera edición de la biblioteca de un alcalde

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Emilio Pérez Manzuco fue alcalde de la ciudad entre 1948 y 1957, con un bigotito muy del gusto del Movimiento y sus maneras grandes de hombre con poder. Fue abogado del Estado antes de nada y el alcalde que coronó a la Virgen del Mar con el frac equivocado aquella mañana. Luego fundó el Automóvil club y organizó el rally ‘Costa del sol’ de la que se ha corrido este año la 39ª edición. A todo esto, de unos años a esta parte le da el nombre que no le da nadie a la plaza circular. En 1939 o a saber cuándo, se compró en Madrid, Una isla en el mar rojo, el libro de Wenceslao Fernández Flórez que cuenta las peripecias de un señorito en el Madrid republicano durante la Guerra civil y para añadirle morbo al asunto o darle valor al libro (que costó 10 pesetas de la época), lo compró en la librería San Martín, la misma en cuyo escaparate asesinaron a Canalejas. El  libro fue todo un éxito de ventas de la época. Apenas un año después de publicarse ya iba por la décima edición. Para mí tiene valor haber encontrado una primera pero, sobre todo, que haya pertenecido a Pérez Manzuco. Lo encontré ayer, en una tienda de objetos usados y desgastados que hay al final de la carretera de Granada, poco antes de llegar a la Cruz de Caravaca.

Desapasionada estética de Ibáñez en Minotauromaquia

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Coincidiendo con el 125 aniversario de la plaza de toros, el CAMA ha traido la exposición ‘Minotauromaquias’ de Andrés García Ibáñez, comisariada por Juan Manuel Martín Robles. La misma se ha podido visitar del 4 de julio al 30 de agosto y se publicita como una ‘revisión contemporánea del relato griego protagonizado por Teseo, Ariadna y el Minotauro (…) en la que Ibáñez se muestra influenciado por las diversas suertes de la tauromaquia y el ritual de la minotauromaquia, el mito romántico del torero (y el enfrentamiento ancestral entre hombre y toro)’. Todo esto sazonado con un poco de ‘Picasso y la música de Bizet y Falla’. Martín Robles, comisario y director del museo del artista en Olula añade que todo esto ha permitido a Ibáñez crear ‘una moderna fábula visual, de inesperado final, sobre el amor, la muerte y las pasiones humanas desbocadas”. Y la verdad es que sí. Al CAMA que nos acercamos los enamorados de la obra de Ibáñez un nublado y húmedo 28 de agosto a verla. Ocupa la primera planta y discurre sin un orden aparente. Cada obra se puede ver de forma aislada y aunque todas compongan un todo, cada obra se puede ver de forma aislada. O independiente. Eso sí, como el propio comisario destaca en algunas webs, ‘siempre con el laberinto como fondo y trasfondo ideológico’. Todo gira en torno a unos toreros algo grotescos (Teseo), un minotauro reinterpretado en clave de gimnasio y proteínas y unas doncellas especialmente atractivas (las Ariadna de turno) cuyos ‘encuentros y desencuentros siempre estarán presididos por el enfrentamiento entre la parte racional del hombre y la parte más instintiva del ser humano; la pugna entre los sentimientos y las pasiones’. De eso hay mucho. De hecho todo va como de cuernos. Lo cierto es que en las obras no hay mucha pasión que digamos lo que pasa es que hay apuestas seguras y pintar una mujer desnuda hace que lo parezca pero no, ya os digo yo que no. Ni pasiones ni violencia aunque hay peleas. Con daños colaterales como la Muerte de un torero (abajo) que es una brillante vuelta de tuerca conceptual, una retorcida versión del tópico de la muerte de un torero porque, oye, los toreros se pueden morir así también. Que de hecho se mueren. Así le queda a Ibáñez un brillante juego de percepciones e interpretaciones donde un torero, sencillamente, aparece muerto.

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Antes, al entrar, te recibe, casi, un Torero y doncella inspirados -mucho- en una estética transgresora de movida madrileña. A lo Almodovar metido a pintor de la Villa y Corte que viaja a provincias a retratar las costumbres y las casas de los del lugar. Si no de qué una dolorosa de tamaño académico, un torero lánguido y flojo en una silla de enea y Ariadna con la carne de su edad, mantilla blanca y pezón al viento todos en un mismo cuadro. La verdad es que la exposición te recibe bien y sales con notable placer tras pasar por ella. Placer y muchas feromonas, testosterona y cosas que acaben en ona. Pero un placer carnal, que no pasa de un simple cosquilleo, o unas ganas de meterle mano a las doncellas (el espectador masculino), al minotauro (el femenino), y a Teseo nadie. Pero anda la cosa muy lejos de otras obras brillantes (con todas sus letras) de este autor que se le conocen. Lo que aquí vemos es un producto más estandarizado, comercial, perfectamente ejecutado en casi todos los extremos pero soso, artificioso, irreal en una historia de cuernos como la que se cuenta y que se venden como pasiones desbocadas pero que va.

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Volviendo a estos tres y por abundar un poco en algunas obras que destripen la cosa, Minotauromaquia II (arriba) es todo un ataque de cuernos, un pilladón de un torero chiquitillo pero garboso a la parienta que se da al entretenimiento carnal del meter en cama propia cuerpo ajeno. A Ibáñez el minotauro le sale fuerte y sorprendido pero el Teseo le sale desafiante y osado. La doncella que más abunda, por su parte, en su perfil izquierdo, serio, le termina resultando al autor tremendamente cautivadora en los trazos (al final). Aunque algunas obras presentan preocupantes paletazos, pintura corrida y dramáticos desperfectos. Seguimos con los modelos que toma Ibáñez, que pinta toreros que no son toreros, que son muchachos que tienen pinta hasta de que no les gusten los toros. Tanto o tan poco que se ponen camisa de manga corta para posar, que creo que no hay nada menos taurino que un torero en manga corta. Pero se le permite la ausencia, el fallo, el desliz, por la urgencia de tener que preparar toda la serie. Otros deslices que te sacan de la muestra -y esos sí que se perdonan menos- son los enfrentamientos visuales que no se llegan a producir, como en Minotauromaquia IV (abajo), en la que Teseo se apresta a matar al minotauro, ambos retratados como modelos sacados de lugares o momentos separados en el tiempo que no concuerdan luego en el lienzo. Aquí pasa eso mucho: que de lejos la muestra está bien, te gana y te convence, y de cerca no convence. Hay como muchos colores y mucho de Lucian Freud que te atrapan al lienzo pero sin sus deformidades ni el universo del alemán o lo que pasa(ba) por aquella mente, obvio, porque aquí lo que hay es lo que pasa por ésta. Lo que pasa es que a Ibáñez el pensar/interpretar se le queda lejos de sus otras virtudes. Por eso pinta cuerpos desnudos pero apenas dicen nada. Y por eso pinta peleas que no poseen ni fuerza ni dramatismo. Casi todo es estético, por eso los senos son perversamente deliciosos, las curvas endiabladamente irreales y los genitales pulcritud de Heno de Pravia pero no hay más. Faltan los olores. Que huela la sangre de la muerte, los fluidos que se le presuponen a las escenas (si hubiera la pasión que no hay), el miedo, la tensión, el odio, los celos, la ira. Todo eso huele. Aunque sea a sudor. Lo que pasa es que como a Ibáñez le gusta pintar tan apasteladamente al final la pintura le va oliendo dulce, a confitería. Que es algo a lo que nunca puede oler (nunca puede pretender oler) una serie como la que vemos. Y como Ibáñez lo sabe, sabe sus limitaciones y sabe que no es un tipo apasionado, trata de engañar al espectador antes que traicionarse a sí mismo (lo que le honra) y por eso pone cortinajes, paredes rojas y marcos dorados a los fondos como casa de lenocinio artístico y antiguo de cuando Franco. El problema es que le queda casa de mariquita que se compraba el Ya en el quiosco para disimular. Pasa eso y que el comisario ha hecho muy bien su trabajo: vender la exposición. porque ese es su trabajo, no es decir la verdad, es vender la exposición y que alguien la monte, y alguien vaya a verla. Y eso se ha conseguido con creces.

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Por lo demás, es toda una suerte detenerse siempre ante cada nueva obra de Ibáñez, que se resuelve, una vez más, pintor/descriptor perfecto de la cotidianidad. Porque su fuerte es reinterpretar el presente, tamizarlo, que es cuando se muestra grande e imprescindible, necesario de nuestro tiempo. Es entonces cuando le sale la grandeza. Ya digo que esta serie dista mucho (pero mucho, mucho) de sus más grandes y personales obras pero, bueno, entre lo que se puede ver en esta ocasión en el CAMA hay lujos como Torero II (abajo) donde florecen en sus pinceles todas las vivencias de niño de los 70 que ha visto a la Virgen Milagrosa llevada por las casas y sabe pintar la madera que ha visto en las casas de millones de abuelas, con barnices agrietados y luces y sombras que pocos saben recrear como él. La maestría de Ibáñez no está en la minuciosidad (que también, casi) sino en su capacidad para hacernos creer que estamos ante unos machos, las hombreras de una chaquetilla o unos alamares. Y todo con intensos trazos, a la par toscos y sutiles, hijos de su tiempo y de ahí grandes. Y de ahí, como digo, la grandeza de Ibáñez. Por eso, es recomendable acercarse a esta muestra con ojos y expectativas estéticas. No se acuda con otra pretensión. Para otras pretensiones, otras obras suyas, que no se encuentran en Minotauromaquias. Aquí estética sin pasión, que no es poco, tampoco se crean.

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Novillos de López Gibaja al comienzo de la Feria

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20 de agosto de 2013, feria de Almería en honor a la Virgen del Mar y clase práctica (novillada sin picadores con variaciones) con novillos del cacereño Antonio López Gibaja para seis novilleros que se citan luego anunciada a las siete de la tarde. Una ovación a las 18 horas y 34 minutos recibe a la banda de música de la Cañada con Francisco José Pérez Cruz al frente y un repertorio que trae para la tarde compuesto por Pedrín Moreno, de Martín Alonso, Chiclanera, de Luis Vega, Rafael Oropesa y Antonio Carmona, Joselito Bienvenida de Pascual Marquina Narro, Marcial, eres el más grande de Martín Domingo y Nerva, de Manuel Rojas Tirado. Palmas a compás para la vuelta al ruedo y a Manolo Bretones, de alguacilillo dentro de terciopelo negro, enfundado, y que una semana antes se vestía de chaqué y lo veíamos en el Facebook, se ve que le va ir de época. Ole él. Por continuar en lo social antes de que empiece esto, la familia Leal y la futura Leal-Aguilera están en el tendido 5, junto a la meseta de toriles. Por allí anda el grupo joven del Prendimiento, castizo donde los haya y con las muñecas llenas de pulseras y Paco Molina que no soy capaz de fijarme si continúa con su bigote debajo de la nariz. A todo esto la banda ocupa la grada del 5 que se me queda a la izquierda mientras la estampa, abajo, son reuniones de monosabios en la habitual densidad poblacional del callejón. Las cervezas vienen en latas verdes, reina un ambiente de campo de fútbol y en el sol detrás de las barreras la gente se sienta ya sin camiseta mientras los capotes siguen doblados en la barrera del 3. No llegamos aún a las inmisericordes siete de la tarde y los primeros bocadillos rellenan los primeros carrillos de la tarde. Hay avidez o hambre en la espera y un ambiente de fiesta y un delicioso aire de pueblo bruto en las miradas al reloj. Faltan cinco minutos cuando asoma por el callejón de caballos Juan Antonio Barrios que se trae toda la crónica social de la Voz de Almería a cuestas fotografiando al caballo blanco del alguacilillo viejo. También llega el alcalde con séquito de gente del partido y Bibi del Águila que le aporta glamur al conjunto popular. Todos toman posesión de un burladero del 3 que tiene pinta de cómodo. En el 3 impera la sombra de una tarde de agosto y el gallinero de la grada se revoluciona con la llegada del gallito de la medular, la mesura de la Unión, la cara amable del Almería, el capitán querido y admirado hasta por los que no entendemos de fútbol, Miguel Ángel Corona. Se corea su nombre. Enfrente de nosotros, que estamos en 3 pegando al 4, está Pepín Liria mientras Jorge Ponce cuento que lleva diez minutos, 10, apoyado en el cerrojo de su puerta, un ojo en el caballo y otro en el palco, riéndose con Rafa Aguilera que le aprende el oficio.

Uno besa las tablas del 6, comienza el paseillo y la entrega de la llave de toriles se hace así como Justino de Nassau y el general Spínola se daban cosas en Flandes, con protocolo chusquero. El primer novillo que sale es para el francés Joao Machado (purísima y plata), que viene sustituyendo a José Cabrera, herido el 13 de agosto en Castellar (Jaén). Lo recibe a portagayola y luego le despacha algunas verónicas a embestidas algo bruscas y el toro fijo en el tercio. El quite de Fernández de la Torre es así como por gaoneras pero esto es de fiar más bien poco porque no entiendo. Un tipo irreconocible de purísima y oro pide las banderillas y se pega una carrera que el toro le pone la patata a 110. Después de esto, el primo de Usain Bolt pone un par donde se empieza a acabar el toro del que sólo le deja una. El segundo es bueno pero así como entre col y col, lechuga pues aquí entre par y par carreras. A todo esto Machado, tratando de brindar la faena si le deja la cuadrilla, torpe, lenta y embrollada. Y despistada. Con la muleta en la mano la primera tanda es con la derecha para un novillo suelto y renegón, con querencia imposible para faena de principiante aunque suena la música. Manoletinas y la banda corta al primer susto. Luego lo trata de matar como Raid, que los mata bien muertos, pero el aviso es inevitable porque no lo mata tan bien o el animal comete la torpeza de no quererse morir o hacerse el muerto aunque sea y la cuadrilla lo levanta. Aplausos.

El segundo novillo es para el murciano Fernández de la Torre (purísima y oro). Se le nota que sale con los nervios dejados en el quite al primero. Luego se pone a poner banderillas. El primero es un par simpático, el segundo lo pone Joao Machado y el tercero, que es un par apañado, de la Torre de nuevo, que luego le brinda lo que está por hacer al público que enloquece con la montera boca abajo. Serie de rodillas y música con palmas a compás. Muy torero todo, muy bien con la derecha y más efectista con la izquierda, doblándose para recoger los asomos de nobleza de un novillo que coceó para morir y se fue del ruedo sin las dos orejas reclamadas con la vehemencia acostumbrada y la parsimoniosa concesión de costumbre. Vuelta al ruedo con indicaciones de qués y cómos y orejas volando. Ovación a su paso por el 6.

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El tercer novillo es para Sergio Roldán que juega en casa. De la Torre, recién toreado, le deja cuatro verónicas algo aceleradas en su quite. Luego, con los palos floridos de papel que dan en llamar banderillas un señor con ofico vestido de turquesa y azabache deja un par bueno. Luego otro de morado y negro igual. Ya quedándonos a solas con Roldán le vemos coger la muleta antiguo. Se agacha, flexiona y palia la altura. Con la izquierda deja una serie larga en el tercio, larga de profundidad, mientras desde los tendidos llegan las tres sílabas (mú-sí-cá) que empieza a sonar hasta que el bicho le despoja de aperos. Roldán monta la muleta con su ayuda y la coge con la derecha y el novillo, por el derecho, le da sustos. Regresa la música y el animal como que humilla pero remata feo mientras Roldán se vuelve a poner antiguo como se pone Morante ahora cuando está y se ponía Belmonte en la foto aquella famosa toreando en redondo que ha usado Alianza Editorial para editar en bolsillo las memorias que le escribió Chaves Nogales. Me gusta. Pero el novillo pisa la muleta porque lleva las manos por delante o Roldán no le lleva bien el tempo de la embestida y, claro, así sin entenderse el toro lleva las de ganar y lo tira cuando lo deja ‘desnudo’. Pero nada, que Roldán sigue jugando en casa con la hombría o la torería que se trae uno de casa a estos sitios y se juega el pellejo con pases por la espalda mirando a un tendido febril que remata con un pase de pecho por el izquierdo. Lo mata entre el 1 y el 2 ante un aviso que coincide con el esperpento de la agonía: la espada le sale al animal por entre los costillares que parece una aceituna. Entra Roldán a matar de nuevo y deja una estocada tendida de esas que matan pero de aburrimiento, el novillo que se amorra en el 6 y un subalterno pericioso de azul y azabache se pone a intentar decabellarlo. A todo esto suena el segundo aviso y por allí se escapa un derrote que le deja al hombre afanado una hendidura blanca en la taleguilla a su cuarto intento. El toro cae al quinto o sexto acerado.

10 minutos de merienda, gula en las gradas y sale un novillo serio (el número 56) para Rubén Martínez, también de la tierra. Fernández de la Torre le pega unas verónicas voluntariosas y Miguel Andrade lo despacha por delantales que pasan desapercibidos. De la cuadrilla hay un señor de verde/azabache al que le espera su señora en casa que le pone un par de banderillas con oficio, el segundo lo pone  valiente Joao Machado y Rubén Martínez brinda al público, suena la música y las palmas a compás y cita al bicho con gritos y postureo de lejos, a unos 4 metros, y lo lleva muy bien y lo cita ahora de más lejos con unas gaoneras que no lo son. Al natural resuelve Martínez un sustito como si tuviera años de profesión y la faena empieza a gustar. Tanto que con la izquierda el niño está para que le rompan la chaquetilla en Madrid. Entonces el 56 le pega un revolcón que es bueno que se lleve porque eso curte pero como aún no lo está lo quiere matar antes de templar los nervios. Y el acero se templa con paciencia así que pincha en hueso y la espada se convierte en perseida que araña el azul aún del cielo hasta que a la tercera va la vencida. Otro toro que se va a morir por el burladero de los areneros y le persiguen como moscas cuatro pinchazos. Empiezan los pitos, un aviso y nos vamos a esperar al quinto de la tarde mientras el cuarto aún muge camino del 7 a cuyas tablas se va a morir. Saludo desde el tercio y ovación.

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El novillo que lleva un hierro con el 50 es para el jerezano Miguel Andrade (grana y oro) que recibe de rodillas en el 2 dos veces con urgencia de ambulancia que pasa (el toro) y de enfermo que espera (el novillero) y luego le pega varias verónicas que remata con media tan buena que la otra media que le da por hacer da asco. Quite por chicuelinas de José Antonio Lavado y suena la música para el par de banderillas que va a poner el jerezano. Un simpático par fallido porque dobla las manos fuera de guión el animal y el aguijón pincha en viento. Luego ya sí. Estupendo. El segundo par por el derecho, soberbio. El tercero, por el engaño trepidante, pone en pie a la masa y la cosa pinta de excesos tal que se prevé que lo que haga esta noche Andrade aquí sea antológico. Tal le llega al entendimiento a Andrade que se va a poner un cuarto par que lo pone tan asomándose al balcón que se va a resfriar el muchacho mientras los borrachos y las mujeres le gritan torero, torero. Luego, con la montera que cae tal que manda el tópico, el ambiente se empieza a cargar de invocaciones al duende y a los fantasmas viejos de Cúchares y alguno más. La plaza son todo miradas en su casi lleno a Andrade, hay silencio maestrante pero no tanto, el de Jerez que coge los trastos con la derecha, la expectación que aumenta, la tensión lo mismo, levanta la cabeza, anda despacio, mira al novillo, lo cita y se le cuela. Uy. Luego despacha una serie mediocre y las palmas suenan a rebufo de lo de antes pero aquí ni duendes ni fantasmas ni nada.  Esto decae pero no, llega una serie mejor y aunque por el derecho el novillo como que no va bien y es tosco, Andrade le mejora la embestida. Luego con la izquierda va arrastrando la muleta por la arena hasta que la echa donde cae la baba del animal que sale suelto. Guatemala por el derecho, Guatepeor por el izquierdo, lo que rápidamente entiende el hombre y le recorta las distancias sacándole pases de su distracción por donde salen las mulillas. El diestro es desmontado, golpe de aro y una sensación en el ambiente de que esto se está viniendo abajo. El novillo se ha rajado hace tres horas y media y el novillero intenta sacarlo pero lo termina matando en la puerta de toriles. Lo que sigue son un par de charlotadas que conviene evitar en adelante al matar enrabietadoe incontinente de más. Una oreja y abucheos a Marco Rubio en la presidencia mientras Manolo Bretones le entrega la oreja. Esto se parece a Bosnia en un artículo de Pérez Reverte, con bronca al palco y bombardeo costumbrista de botas, abanicos y flores a andrade que completa dos vueltas, 2 al ruedo cuando la luna casi llena aparece por sobre el tendido 7. El novillo que se lo llevan, el presidente que saca el pañuelo para que salga el último de la tarde y la gente que se cree que es la segunda oreja protagonizan los últimos apuntes de la penúltima contienda.

Sale el 6º para José Antonio Lavado, que viene de Málaga. Un novillo fuerte al que azul/oro dispensa chicuelinas en su quite y se va con una media trivial. Luego azul/azabache le cuelga dos banderillas por el pitón izquierdo, luego es purísima/plata por el derecho el que se enfrenta a un novillo con retranca que lo ha visto venir  y Lavado coge la muleta para empezar la faena en los medios. El novillo da saltitos al pasar por ella como un soldado mariquita el día de su jura de bandera y el malagueño le arrea pases de rigor. Pero poco más. En los finales de cada serie la muleta se la lleva puesta y la gente pide música que con buen criterio no atiende Francisco José Pérez Cruz. El novillo no se está quieto y así no hay manera de hacer el toreo moderno que le gusta a los que entienden. y entre enganchones se diluye un novillo, sexto y último, malo. La plaza se vacía y la faena sólo se sigue desde el callejón. Así que con el pescado vendido viene una penúltima tanda buena pero ya el vuelgo ha venido a otras cosas y se lleva su nevera. Lavado mata a su oponente entre el 6 y el 7 cuando son las 21:28 h. y el toro echa a correr para caer entre el 2 y el 3. Esto no merece oreja pero, bueno, se la lleva y la gente tan contenta. Los monosabios recogen la sangre mientras están de cháchara con el alguacilillo de sienes plateadas que porta en su diestra el apéndice del solaz para una tarde de oficio que se cierra con la vuelta al ruedo de un novillero con cara de diestro sudamericano de los 60. La oreja que vuela hacia el tendido y se la lleva Paco Giménez, el padre del Latas, que se la deja a un niño ruso que posa con entre orgullo y asco con ella mientras otros padres hacen cola para que sus hijos se hagan la misma foto. Buena tarde en clave taurina aunque los muchachos vestidos de luces hayan estado más en clave novillada que clase práctica.

'El siglo XIX en la colección de arte de Unicaja'. Selección de la colección escultórica y pictórica de Unicaja (Paseo de Almería, 11). Del 2 de octubre al 30 de noviembre.
De lunes a viernes de 11 a 14 horas y de 18 a 21 horas. Sábados de 11 a 14 horas. Los domingos la sala permanecerá cerrada.

Antonio Burgos en 2001 «¿Existe Almería?»

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Los de Teruel, que suena a título de zarzuela, cual “Los de Aragón”, con turolenses ilustres al frente como Federico Jiménez Losantos, se plantaron un día en Madrid e hicieron con éxito la campaña “Teruel existe”. Después de aquella campaña y de aquellas protestas, todos los españoles nos enteramos de la triste situación de la provincia aragonesa a efectos de comunicación e infraestructura y Teruel empezó a caernos mucho más simpático, con lo lejos que está Teruel…

Los de Almería tienen mucha peor suerte que los de Teruel. Almería es la Teruel andaluza, pero peor. No creo yo que en el PIB aragonés genere Teruel los billones de pesetas que supone la agricultura y el turismo de Almería en la renta regional andaluza. Almería es una fábrica de meter dinero en Andalucía y en España a costa de la Humanidad. Basta ver los camiones por las carreteras españolas, camino de Europa desde los invernaderos, o basta ver los hoteles llenos de turistas en el verano y en lo que no es el verano.

Pero nada de esto se le agradece ni se le reconoce a Almería. Los almerienses son andaluces de segunda. Incluso de segunda nos parece mucho. De tercera. Madrid los maltrata y en Sevilla no se enteran de estos malos tratos. Igual que los de Teruel se plantaron en Madrid con la pancarta de “Teruel existe”, los almerienses tendrían que plantarse con una pancarta entre interrogaciones: “¿Existe Almería?” Y no tendrían que plantarse en Madrid, sino en Sevilla, ante la Junta de Andalucía, que es donde empieza el olvido.

El último agravio a Almería en materia de comunicaciones no tiene nombre. Ir a Almería en avión cuesta como ir a Londres. No es un símil, son las tarifas de Iberia. Un trayecto Almería-Madrid en avión cuesta en turista 56.590 pesetas. Un trayecto en turista Sevilla-Londres cuesta 60.094 pesetas. Claro, como se creen que Almería está en el extranjero, le aplican tarifas internacionales. Y los vuelos, además, no son ya en reactores como antes, sino en aviones de hélices, como si fuera una Melilla peninsular. Ante estas tarifas aéreas discriminatorias, no cabe más solución que el tren. Pero Renfe ha suprimido el tren nocturno, por lo que tienes que perder dos días para hacer cualquier gestión en Madrid, para ir a protestar a Iberia, por ejemplo. Todo esto por no hablar de la situación de descuelgue de Almería en los planes triunfales de la Autovía del 92.

¿Es todo esto la venganza contra Almería, por aquella tibieza autonómica en el referéndum del 28-F? Más les hubiera valido quizá descolgarse de la autonomía andaluza. En Murcia no los hubieran tratado peor que los trata Sevilla.

Publicado en EL MUNDO Andalucía del 27 de octubre de 2001

Marina Heredia, profesional en la plaza vieja

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Lunes feriante (19-ago) a dos días de la luna llena del mes de agosto en la plaza vieja que casi se llena, con dispersos huequecitos blancos de sillas blancas sin ocupar, las sillas de plástico que ahora ponen, y que casi están ocupadas con sus aires para escuchar a Marina Herdia que abre la noche y a Tomatito que la cierra. Se demora el presentador de trámite, correcto y eficaz, pulcro y moderno en subir al escenario doce minutos precisos que miro en el móvil sobre lo previsto (las 22:30 h) y un aplauso con ganas recibe a José Quevedo el Bola (o Bolita) que está oscuro sobre el escenario y se mete con una falseta de dos minutos justos para introducir la milonga que Marina Heredia empieza a cantar con gusto. El palo se adapta al público que se ha retratado (a 18 € la entrada) o que va de aquí te espero con invitación (como yo, que llevo una numerada que pone 106 y pienso que a ver si al final allí no se han retratado tantos como creo). De vuelta a la milonga que no abandonamos, la que abre la noche, Marina Heredia te engancha en lo que y cómo lo dice. Los que la siguen dicen que es de su último disco (‘A mi tempo’), que sacó por mayo. La voz de la Heredia anda muy lejos de Utrera y eso está bien porque para encontrar eso me pongo un disco de Fernanda. La Heredia canta con gusto exquisito y un mesurado control de potencia que me gana. Es una voz interesante para optar a la corona de esta transición entre la gran dama de finales del XX (Carmen Linares) y lo que esté por venir. Para empezar, la granadina comienza acertando con un palo en el que se muestra segura y, además qué coño, que lo trae bien aprendido de casa porque se lo trabajó para el disco, digo yo, y lo va cantando por ahí de tablao en tablao así que llega y lo borda. Para no extendernos, termina con uno a mi siniestra diciendo muy bien y alargando mucho la u.

Sigue una bulería por soleá, de esas que llaman para escuchar. Dos mozas a las palmas y un mozo con la percusión que lo mismo es pero no es lo mismo y que luego le leo a Diego Martínez en el Diario de Almería que son Jara Heredia, Anabel Rivera y el sanluqueño Paquito González que completan el cuadro junto al Bola y llevan la modalidad a un extremo interesante lejos de su origen ‘para escuchar’ y la hacen como más pop. Comercial anda la cosa, agradable a todos los oidos, sencillo. A mí no me termina de gustar cómo lo hace pero me gusta cómo liga los tercios cuando dice que va a subir al cielo a hacer escritura con Dios. Heredia viene profesional. Lo es. Luego sigue por seguiriyas y sin el cuadro jaleando. La voz sigue lejos de Utrera pero poderosa. Las falsetas, anoto, bonitas pese a pequeños atranques. Cante grande para una voz bien utilizada y un palo bien entendido. Heredia le pone mucha pasión, que esas cosas, como es mujer, las hacen mejor las mujeres y se muestra muy grande por aquí. Vamos, que me gana, mientras la voz se expande que le llega rotunda y sin romper a las monjas de las Claras que tienen el convento pared con pared y los tercios los liga que digo yo que el 061 está al caer ya con una botella de oxígeno porque esto no es normal. De lujo la seguiriya a la que sigue el cante por malagueñas rematado, según la propia Heredia, por fandangos del Albaicín. Por ponernos amarillos, el Bola templa por primera vez sobre el escenario. Llevamos 25 minutos y continuando con un repertorio de buenismo aparecen, como digo, las malagueñas y me alegro. Aunque la falseta de introducción casi me amaga con borrar la risilla de felicidad porque me parece un poco extraña pero como de flamenco sé lo mismo que Platón no lo diré muy alto a ver si es que así se tocaba antes o es un algo aprendido de noséquién que se la escuchó a otro y no tengo yo el paladar para estas cosas. El cante por malagueñas es muy floriturero y por eso le queda bien a la Heredia, que está haciendo esta noche muy bonito lo que le des. Lamentablemente eso es insuficiente (o si no lo es al menos a mí me lo parece) para salvar los muebles de estas malagueñas tan dulcemente cantadas. Flojas en cuanto a letras musicalmente le hace grande el cante la guitarra del Bola pero como estamos rodeados de gente que no diferencia una malagueña de un fandango la cosa pasa como si nada y dicen ole y se vienen arriba cuando los cascabeles escondidos del cajón suenan. Y es para decirlo. Con su traje negro Marina Heredia levanta los brazos, le caracolean las manos y habla de su fortaleza en una letra. De aquí a nada la vamos a tener de pie, haciendo como que canta sin micrófono, como no fingen otros, crecida y artista convencida como se empieza a sentir/mostrar, pero todo ello ella con micro que no es que esté mal ni bien sino que, simplemente es y por eso no importa que se diga.

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Para deleite de la concurrencia, el quinto envite de la noche es un cuplé por bulerías de Adela la Chaqueta. Esto también es del disco ese que ha grabado. Tengo detrás a unas niñas mayores de edad y con querencia por Marina Heredia que lo cantan. En el escenario la otra se pone en pie y lo que canta lo va diciendo con la cara y me gusta porque pone las caras de las Marías y dice lo que las Marías sienten y muchas veces no dicen. Se le va la técnica a ratos pero a cambio (o la causa) es que le sale un fuego de sentimiento que se agradece. Se pone la cosa por mayores y aquí llega derroche de esos que se va comentando la gente cuando acaba, cuando acabe. La verdad es que es muy bonito y los tiempos sencillos de todo lo que va por bulerías los repeta con gusto y giros y silencios que aportan un dramatismo interpretativo muy muy pero que muy por encima de la propia Chaqueta. Brillante. Aunque se coja la afirmación con pinzas: es muy fácil hacer brillante un cuplé por bulerías. Siguen unos tangos cuando nos acercamos a la hora. Tangos dedicados a Morente y muy celebrados por el público pero, vamos, que eso es porque no son más que pogres de morería barata y ‘flamencos’ de jaima, cajón y porro. Palo como siempre prescindible con el único atractivo de la voz de Heredia que llegándonos a la hora se le empieza a poner de señora del cante, menos limpia y a veces como haciendo por despedirse pero dejando un regusto a tinaja y a bocoy. Ella salva unos tangos de saldo. Atención a la letra: agua clara es la que cae cuando llueve. Ay, cuánto daño. Menos mal que por lo menos se pone de pie y baila que es un tapiz de comedor de esos de gitana y posguerra y a mí esa vuelta que da lenta con la e larga ya me ha compensado todo lo malo. Y terminan los tangos llevando justos 50 minutos viendo a la Heredia sobre el escenario que se despide por bulerías con el amor roto, aquel tan grandioso, de tanto usarlo. La gente se hace pedazos pero, cuidado, que ya he dicho que es público de poco fiar. Ovación, típica puesta en pie perfectamente escenificada y en mí una sensación de haber presenciadao una actuación correcta, profesional, milimétricamente medida (60 minutos de reloj) y bien defendida. Algún que otro cante prescindible, demasiadas letras endebles pero una defensa bastante correcta y honrada de un repertorio que, si bien a mí no me ha terminado de convencer, hay que reconocer que ha conectado/conectó desde el primer momento con el público. Una Heredia profesional y lista, en definitiva, que ha vuelto por Almería y se ha dejado una buena actuación dentro del 47º festival de flamenco de Almería que, como siempre, podemos escuchar/descargarnos desde el portal ‘La casa del arte’.

Del 12 de septiembre al 3 de noviembre en el CAMA.

Del 12 de septiembre al 3 de noviembre en el CAMA.

Del XIX al XXI con la colección Modigliani Consultora

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Unicaja ha traído este verano una exposición que ya en el título se mueve en esa zona nebulosa y neblinosa del sí pero no. El título es ‘Picasso: orígenes e influencias en el arte andaluz. Colección Modigliani Consultora’ y Picasso suena más a reclamo que a lo que en el CUC del Paseo, 69 hay, ‘una muestra singular que recoge más de medio centenar de obras de reconocidos artistas andaluces que influenciaron al genial pintor Pablo Ruiz Picasso’. ¿Entonces qué pinta, por decir, Evaristo Guerra con su Baleares, pintado años después de la muerte del del título? Ah, que también incluye obras ‘de autores que fueron influenciados por él’, por Picasso. Vamos, que es una exposición de lo que tiene Modigliani Consultora, una entidad malagueña especializada en el asesoramiento de inversiones en arte tanto a particulares como a instituciones y que ahora tiene la web en construcción (modiglianiconsultora.com) y lo de Picasso, como digo, está por atraer o darse un aire de algo. Postureo, dicen. Conviene saberlo y no mentirle al que va a verte pero, bueno. Visto que aquí vamos a ver de todo, toca disfrutar de lo que hay y olvidarse de las habituales pajas mentales de los que redactan los dípticos publicitarios y de los que copian y pegan la nota de prensa en la prensa local.

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Hay (había) al entrar una pintura de José Díaz Oliva y un camarón que se duerme y se lo lleva la corriente de Francisco Peinado que está la cosa para darse la vuelta. Pero conviene resistir porque viene un Enrique Brinkmann (fotografía anterior) del que me gusta cómo le queda hasta el marco. Merece la pena quedarse, hombre, que lo del principio era sólo para evitar robos dolorosos: si se tienen que llevar algo que sea lo malo, por eso, junto a la puerta, los cuadros de los horrores. Cuanto más para adentro, más y mejor la cosa. Como los Tres vasos de vino de Chicano, toda una época pintada. Sintetizada en trazos anchos negros es una pintura un tanto imprecisa o, más bien, indefinida pero meritoria. Seguimos viendo pinturas que son una época enmarcada, como la Bacanal de José Puyet (al final) que lo tenían mis abuelos en el comedor como tenían su Granadas enfrente. Los comedores y los salones de los abuelos de los niños de los 70  y algunos de los 80 tenían un Puyet falso en una alcayata, con alguna de esas mujeres que tenían un poco de italianas del cine de la época.

Un gitano gordo así como en plan espejo del decesado Enrique Morente vestido de torero con las piernas abiertas y una gitana poco dada a las letras con una guitarra y una chaquetilla verde ya justifican la venida. Las manos que les pinta Belgrano no son moco de pavo y se mueven. José Denis Belgrano, otro pintor que atrapa el tiempo y lo expresa aunque de manera más explícita que Chicano. Aquel lo hace porque pintaba como los de entonces, éste porque pinta a los de su otro entonces. Con estos personajes y estos entornos la exposición se torna un poco como aquella de pintura andaluza de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza que trajo el CAMA en 2005 pero aquí hay menos (jo) aunque más variado (bueno). Ese costumbrismo de aventurero francés y tópico sajón con brillo de facas y lances pastel. Y lo mejor para el menda y su partenaire sin duda son los dos pasteles sobre cartón de Joaquín Martínez de la Vega (a continuación), que es un hombre de Almería al que le dio por pintar y al que le pusieron una calle por aquí, pero que murió pobre porque las calles no dan de comer.

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Más cuadros, grabados y relieves en barro completan una exposición interesante, agradable y amigable, cómoda de ver. Como siempre, aburrido y anodino el entorno, eso sí. No obstante, agradecer a Unicaja lo que hace y lo que trae. Si no de qué íbamos a disfrutar el realismo tangible y palpable de Leonardo Fernández, que nos quita el hambre con su Desayuno (a continuación) y la sed con su Agua clara. Por reiterar, eso sí, la pega del inicio, aquí Picasso pintaba poco. Hubiera preferido que me hubieran vendido la exposición como lo que es, un recorrido entre tres siglos (del XIX al XXI) de la mano de pintores alguno de los cuales sólo tienen en común con Picasso que nacieron en Málaga (y que usan pinceles) y que se hubieran dejado de grandilocuencias falsas que sólo engañan a estúpidos y políticos. Perdonen el pleonasmo.

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