Pierre Gonnord viste modelos y desnuda almas en el CAF

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El Centro Andaluz de la Fotografía (CAF) ha traído a su segunda planta ‘El sueño va sobre el tiempo’, una colección de más de 30 enormes retratos realizados por Pierre Gonnord a gitanos de las 3.000 viviendas (Sevilla) y el Alentejo (una región del centro de Portugal). La muestra es un resumen de la que elaboró el año pasado para el centro de arte Tomás y Valiente de Fuenlabrada y ha sido comisariada por Carmen Fernández que la vende como «un viaje iniciático, una experiencia íntima y cercana que nos introduce en una vivencia poética, como el propio título de la muestra». Lo del verso de Lorca que mucha más gente conoce por el disco de Camarón que por la surrealista Así que pasen cinco años que lo contiene es gracioso aquí. Gracioso e innecesario. Poco Lorca va a encontrar el que se acerque a la muestra atraído por el canto de sirenas de sus versos y ni falta que hace aquí Lorca. La verdad sea dicha. Quizá todo venga del tópico romántico del que ni siquiera Gonnord se puede despojar aun llevando aquí, en España, media vida. Él lo trata de explicar en un vídeo/entrevista a la entrada y frente al que muchos asistentes pasan con premonitoria indiferencia. Hacen bien; no es, ni de lejos, la mejor entrevista a Pierre Gonnord. Eso sí, tiene el aliciente de escuchar su español claro y algo hipnótico. En él habla del título, del verso, y se le escapa un Lorca como si pareciera imposible hablar del pueblo gitano sin mencionar al poeta cuando ya ves tú. En fin, habla de la pasión de ambos por el pueblo gitano desde la lejanía romántica de sus respectivas posiciones y del arte de retratar y aquí ya sí dice algo interesante: explica mucho de lo que hay luego en papel, adentro.

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Él, añade, convive con el grupo pero no le interesa todo el mundo. Y es en ese precioso diálogo que surge entre algunos individuos del conjunto y su interés por contarlos a todos a través de unos pocos donde nace el retrato magnífico que es llevado al extremo delicioso de la brillantez de los de retratos de Gonnord: los contenidos en esta muestra y los que le han precedido en su carrera hacia ella. Dice que tarda, que se toma su tiempo, se gana la confianza de los retratados hasta el extremo de que en muchos casos son ellos mismos los que piden ser objeto de sus exploraciones. En este terreno, Gonnord se muestra inmensamente humano al evitar a toda costa el complejo de su interlocutor. Quizá eso explique la dignidad de sus retratos, una dignidad presente en tullidos, tarados, ancianos y unos niños como castigados por la vida. ¿Qué trata de decirnos centrándose en los vulnerables?

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Gonnord comenzó ayer, como quien dice, una búsqueda del alma del siglo XX a través de los rostros que le han ido interesando en la vida. Lo que pasa es que en los pliegues de la piel se ha ido apareciendo el alma de más siglos. Hay mucho XIX en su City (serie de retratos realizados en Nueva York en 2001), mucho XVIII en sus mineros asturianos de Terre de personne (2012) y mucho XVII en ésta exposición que nos ocupa. Pero Gonnord no se está quieto en el tiempo retratado y también tiene mucho siglo XXI en Far East (Japón, 2003). Por ejemplo. O para ser más precisos, hay mucho-todo-eso en toda su obra. En internet se encuentran algunas entrevistas en las que le inquieren por su carácter de fotógrafo barroco. Él se desmarca aunque reconoce el gusto por el barroco como adjetivo (esto último lo añado yo) porque «habla de la esencia del ser humano celebrando la materia». La respuesta no la entiendo pero vale para apuntalar la tesis del preciosismo barroquizante de los rostros que muestra. Cicatrices, tatuajes, arrugas o suciedad parecen los ingredientes necesarios para la receta perfecta que busca Gonnord: «un acercamiento a personajes considerados como ‘outsiders’ por la sociedad: vagabundos, presos, monjes, yakuzas, geishas, bandas urbanas, ciegos, enfermos mentales… Y más recientemente se ha acercado a comunidades y minorías étnicas como los gitanos o pueblos de los Balkanes y del Magreb». ¿Retratos sociales? En la prensa de provincias, dada históricamente a vivir de las notas de las agencias, dicen mucho eso cuando se trata de anunciar una exposición suya pero todo el mundo sabe que la prensa local (a veces hasta la nacional) no está para pensar —ni siquiera para interpretar— sino para divulgar los productos que cada cual quiere vender. De ahí que si dicen retratos sociales, ellos publiquen retratos sociales. ¿Y lo son? Yo diría que no.

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Para explicar —o entender— la obra de Gonnord sirven tres datos: economista en París deja todo ¿por amor? y se viene a Madrid, fallece su hermano y se refugia en la fotografía y es becado por no sé qué ministerio francés para irse unos meses a Japón. «Irme a Kioto me dio la oportunidad de estar solo y de pensar solamente en fotografía. Así que salía a la calle con una bicicleta a buscar personas que no fueran de mi entorno. Me adentré en barrios desconocidos» le dijo a Luisa Segura Albert hablándole de su Nikon F3, su primera cámara. Cronológicamente lo mismo la cosa no es así pero importa poco. Baste tener en cuenta su carácter emigrante, la fotografía como tabla tras el hundimiento y lo desconocido como objetivo para comprender su obra. Una obra individualizada —como sólo el retrato puede serlo— pero que es a la vez muchas cosas porque «habla de lo particular, pero también de lo que es común a todos». Así las cicatrices son singulares, personales, cada punto en una herida, cada cuenca vacía y cada mililitro de tinta en la piel tras cada tatuaje nos dicen mucho de quien posa con ello pero más de todos los demás. Cada retrato es hijo de su tiempo, del tiempo de todos los que cohabitamos con Gonnord. Ahí la radical importancia de su obra, no tanto por contemporánea —que también— sino por coetánea. Si eso es social, vale. Si por social entendemos la denuncia, entonces no. Porque Gonnard no se recrea en la miseria. La muestra bella, digna o como la quiera ver cada espectador pero el caso es que la muestra. Le da visibilidad. La sube a la superficie. Sin afán de denuncia (allá cada cuál y allá cómo se enfrente a cada obra) y sí, más bien, de cuestionar la época que nos ha tocado vivir a modelos, fotógrafo y espectadores.

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Gonnord se esfuerza en su obra por no condicionar ese diálogo, por mover a una reflexión serena a partir de unos sujetos descontextualizados como él mismo defiende: «he decidido voluntariamente borrar el contexto, no mostrar el entorno. Mi ritual ha variado muy poco desde sus inicios y parece que, a pesar de senderos emprendidos en territorios muy dispares, repito la misma foto una y otra vez». Así es. A ello ayuda mucho (puede que hasta todo) el empleo de esos fondos más que oscuros, abstractos que, a poco que se escarbe en la bibliografía en torno al autor, son dispuestos en estudios ‘improvisados’ « generalmente en la casa del modelo, en su lugar de trabajo, en su territorio, con flash o luz natural». Luz que, por cierto, merece un monumento tratada por Gonnard. Su empleo, casi siempre procedente de un único punto, es inteligente. La recompensa es una atmósfera extemporánea como sacada de las retinas de Rembrandt  o Velázquez enfrentados al rumano que hoy mismo te ha podido estar lavando el parabrisas en un semáforo. La comparación no es gratuita. El propio autor no esconde su fascinación por ambos: «me gusta porque son pintores en los que es elogiable la economía de medios. Yo intento algo así, con un foco y un fondo negro».

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Tal economía traslada por comparación/oposición a la obra de Larry Fink, otro divino hacedor de juegos de luces a quien también hemos podido ver en el CAY y de quien es imposible no acordarse contemplando a Gonnord. Ambos estilos no se parecen en nada pero el resultado de la luz en sus manos, a través de sus ojos, procesada por sus lentes y sus máquinas es igual de estimulante y bello. El neoyorkino en su huida de la iluminación frontal con esos posibles primeros planos oscuros y una inquietante claridad atrás gracias a un flash en tele con un angular y el francés con un resuelto camino de surcos por las mejillas, hondonadas en los hombros y bolsas en los párpados. Claroscuros colectivos de uno, individuales del otro e inquietantes ambos. A pesar de la serenidad que desprenden los rostros de Gonnord. Hay ojos grandes, expresivos, otros como ausentes pero todos sinceros. Y serenos. Quizá como una azarosa recompensa a la extraña búsqueda emprendida por Gonord hace años cuando se lanzó a la aventura de retratar desconocidos. Esa fue su tabla de salvación y con ella, curiosamente, también nos redime a los demás. «Hay una teatralidad que se ha perdido en el retrato actual o, para ser más exactos, que ha ido por otro sitio y que muchas veces es más artificiosa». Quizá por ello, para evitar esa artificiosidad, Gonnord ‘despacha’ rápido los envites. Trata de «ser suficientemente disponible y receptivo para poder captar lo esencial en menos de 5 minutos y 20 disparos». No es sencillo.

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No es sencillo obtener resultados expresivos del nivel de los que la pintura consigue en semanas de trabajo. Baste un dato, anecdótico y casi de exagerado pero cierto: Antonio López, el conocido como maestro del realismo, lleva más de 20 años para completar un retrato de la Familia Real. Todos sabemos que la fotografía nació como contraposición a la pintura por, entre otras cosas, la inmediatez de sus resultados de ahí que obtener los mismos que con la ella (aunque por medios diferentes) sea de un notable reconocimiento. Pierre Gonnord lo consigue. Acérquense al libro que el jerezano Juan Bonilla ha escrito sobre él, échenle un vistazo a sus retratos, ya no sólo en esta exposición, sino cualquier otra, o búsquenla por internet. Háganlo y tengan en su memoria más inmediata, más a mano, los pintados por Velázquez cuatro siglos antes: Luis de Góngora, el infante don Carlos, el bufón Calabacillas, Juan de Pareja, Ferdinando Brandani o el bufón don Sebastián de Morra. Con los famosos basta. Igual que con los de Rembrandt  (como el de Saskia van Uylenburgh) aunque con el holandés se de la circunstancia curiosa de que lo más cultivado fueran los autorretratos. Sería interesante aunar la maestría de todos los genios que desfilan por la memoria ante cada fotografía de Gonnord y soñar con un autorretrato del fotógrafo que viste modelos y desnuda almas.

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Una cornisa, parte de ella, se desprende del número 93 de la calle Murcia, un edificio viejo (que no antiguo) y feo de cuatro plantas de tanto viento que le estaba pegando. Imagino que aquello se caería de más cosas, unas que le sobran al edificio y otras que le faltan, y ninguna buena.
Miércoles, 21 de mayo de 201413:35 h

Una cornisa, parte de ella, se desprende del número 93 de la calle Murcia, un edificio viejo (que no antiguo) y feo de cuatro plantas de tanto viento que le estaba pegando. Imagino que aquello se caería de más cosas, unas que le sobran al edificio y otras que le faltan, y ninguna buena.

Miércoles, 21 de mayo de 2014
13:35 h

Una tuna mexicana con su acento y sus sombreros de charros

Hoy (15 de mayo), día de diario como si los sábados no lo fueran, había por el centro una tuna de México con tunos mexicanos y uno con una bandera que ponía algo así como Tuna Real del Potosí. De platicar con ellos a uno se le ha quedado el verbo y el dato: la tuna de ciencias de Granada ha organizado por quinto año el encuentro mundial de tunas (mundial, ¿eh?) en Mojácar que es donde, al parecer, lo hace siempre. Y por eso lo de esta exótica tuna que andaba esta ventosa mañana por el centro grabando con sus teléfonos y sus cámaras las piernas de las mujeres y algunos edificios.

www.tunadegranada.es/encuentromundial

El lunes (12-mayo) Unicaja trajo a Pablo Berger dentro de sus encuentros con directores. Fue en el teatro Cervantes, se proyectó su Blancanieves (13 Goya) y después algunos se quedaron para hablar con él.

Presentado el logotipo del milenio del reino de Almería

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La ciudad tiene más años pero lo que ahora se festeja es que a Jayrán al-Amiri se le ocurriera convertirla en la capital de un reino en julio de 1014. Ahí es nada: el reino de Almería. Y aunque el milenio pilló a los que manejan los cuartos con el pie cambiado y todo hacía presagiar la debacle celebrativa pues, oye, no. Por ahora la cosa va con la dignidad debida y el otro día, el 7 a las siete (el 7 de junio a las 19 h) se presentó el logotipo. Una muy buena propuesta que se ha alzado con la ‘victoria’ en una encarnizada y colorida lucha representatitva contra otras 15 que se han quedado en el camino. De las otras apenas conozco un par de propuestas que, sin ser malas, yo también comparto que la que ha ganado es buena, bastante buena. Vamos, que es mejor. Su autora, María del Carmen Vizcaíno (fotografía), explica así ‘las cuatro referencias que contiene su propuesta: la M de Milenio, la referencia monumental a la Alcazaba, la referencia al origen de Almería, cuyo nombre proviene de ‘torre’ o ‘atalaya’ y una referencia geográfica, con la simulación bajo la M de la Bahía de Almería’.image

Llevaba dos días muerto. El equipo que se encargó de sacarlo del agua nos dijo que se trataba de un delfín mular, le miraron los dientes amarillos y determinaron que tenía 18 años. Y que no había vivido nada mal. Era un macho de unos 180 kilos que, aparentemente, había muerto por causas naturales y que en vida había dispuesto de nosécuántas hembras. El domingo amaneció flotando en la boca del río. Estos son los delfines que apenas a 100 o 200 metros de la costa te encuentras saltando entre las embarcaciones si tienes algún conocido con barco que te invite a pasar el domingo o si vas o vienes en el ferry. También los ves y mucho por la piscifactoría esa que hay a la altura del Cañarete en la que se crían lubinas y doradas, porque de las caballas que les llevan para alimentarlas comen también (y mucho) estos mamíferos que, junto a los humanos, dicen que son los únicos animales que (aparte de para procrear) mantienen relaciones sexuales por placer. El que pueda, claro.

Un posible resumen de la sorprendente Semana Santa de 2014

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Aquí un rápido resumen de la Semana Santa de 2014: salieron todas (24), hizo buen tiempo, (casi todas) las bandas sonaron bastante bien (aunque a nadie nunca bien le parezca bastante ni suficiente y bien que hace), las cofradías ofrecieron cientos de detalles en los que perderse entonces (en Semana Santa) y recrearse luego (ahora, mañana y pasado, por ejemplo), los vencejos estuvieron y las tardes fueron más largas (como pasa cuando la Semana Santa cae en abril y el mes no viene refranero) y la ciudad vivió una gran Semana que se podría resumir aún más en el milagro de cada año y en el eslogan posible: Almería donde los hosteleros hacen el agosto en primavera.

A propósito de esto y para no enturbiar con opiniones que luego uno dice que si han dicho o que si ha leído o que si le han contado, vamos a la frialdad de la estadística para que cada uno se saque de la manga o del blog sus propias conclusiones. Ahí van los datos que acaba de hacer públicos la consejería de turismo y comercio de la junta de Andalucía de ocupación hotelera de esta Semana Santa y que encabeza Sevilla con una media de ocupación del 77,2% y a la que, ¿curiosamente? sigue Almería con un 76,9%, luego Granada con el 63,7%, Málaga con el 63,5%, Córdoba con el 63,2%, Huelva con el 62,8%, Cádiz con el 58,9% y Jaén con el 49,8% (que estamos hablando de media, repetimos, lo que para el que sólo conozca las de su señora significa que en Almería ha habido días con una ocupación del 81,6%). ¿Cómo valorar estos datos que superan el 52% y el 72% del año pasado y que ya a se celebraron oportunamente entonces? Por lo pronto con una sonrisa de satisfacción en la cara y luego ya veremos.

Anoche hacía viento pero no como para tirar una palmera. Algunos de los presentes, con cara de tener estudios superiores, apuntaron al picudo rojo y sus gustos culinarios como causantes. El viento entonces sólo sería el detonante. Nada que lamentar salvo una palmera menos en la ciudad. Mientras tanto algún chapista durmió ayer algo más feliz. Todo ocurrió en el antiguo preventorio del Niño Jesús, sede provisional de la alcaldía. Enfrente del CAMA.

La victoria del Almería sobre el Granada según la web del Granada CF

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Era la primera vez que el Almería y el Granada se enfrentaban en primera división en el partido correspondiente a la 18ª jornada de liga disputado en el estadio de los Juegos del Mediterráneo. Sin entrar a hacer valoraciones, vamos a dejar que las hagan desde el propio club granadino. La semana antes del partido, José Ignacio Cejudo diseccionaba así al Almería en la web del Granada Club de Fútbol (www.granadacfweb.com):

Suplir con calidad la inocencia

El Granada visita al Almería en el que supone el primer partido del 2014 tras las vacaciones por fiestas navideñas. Fiestas que han dejado en Almería dos regalos en forma de fichajes: el lateral izquierdo y mítico del club, Mané, y el central chileno Hans Martínez, procedentes de Maccabi Tel Aviv y Universidad Católica de Chile, respectivamente. Además, el canterano Jonathan Zongo, que contó con muchos minutos el año del ascenso, se reincorpora al primer equipo. Por otro lado, el equipo que entrena el exjugador Francisco ha sufrido las bajas de su central Pellerano y del lateral izquierdo Christian.

Un Almería que ha levantado cabeza en las últimas jornadas, ya que hasta la undécima jornada con la victoria en Mestalla, los almerienses no sabían lo que era ganar un partido. Llegaban a esa altura con cuatro puntos en el casillero y la sensación de ser un buen equipo, pero inocente. Tras imponerse al Valencia, se lograrían dos victorias más hasta que la visita del Real Madrid destrozó al equipo. El Almería volvía a reencontrarse con sus fantasmas con la derrota ante el Celta y el empate en casa con el Espanyol, pero los tres puntos logrados del Benito Villamarín dieron paz al equipo de Francisco.

El juego de los almerienses no se entiende sin la posesión a favor. Un equipo hecho para combinar y dominar a su rival a través de la tenencia del esférico, gustoso de los dos contra uno en banda bien explotados por dos jugadores a pierna cambiada como Aleix Vidal –correcaminos- desde la izquierda y Suso –gran calidad, pero con problemas extradeportivos- desde la derecha, doblados por Dubarbier y Rafita –Nelson es baja- respectivamente. En el centro del campo, aunque Francisco ha probado en algunos partidos con un trivote dando entrada a Marcos Tébar, lo más habitual es que actúe con dos jugadores, Azeez y Verza. Dos jugadores muy físicos y con buen trato de balón. En la mediapunta estará Fernando Soriano, emblema del equipo y el jugador más querido por la grada, todo coraje y llegada pese a una técnica limitada. En la delantera, Rodri acapara todo el protagonismo pero ha sido baja en las últimas fechas y es duda para el partido. Sería sustituido por Óscar Díaz, un jugador con poco gol y de poca fiabilidad para la grada almeriense.

En la calidad de sus jugadores de la mediapunta se basan la mayor parte de las opciones del cuatro almeriense. No obstante, el Almería es un conjunto con muchas carencias en el aspecto defensivo. El espacio entre líneas da muchas opciones para las llegadas de su rival y la falta de contundencia de su zaga provoca situaciones dramáticas ante las que se ve obligado a actuar Esteban, quién ya a ha salvado varios puntos para su equipo. Por su parte, sus laterales son de marcado carácter ofensivo y sufren a la hora de defender, algo que podría explotar muy bien Yacine Brahimi. Ocupar el campo de forma estratégica para presionar la salida de balón y tener presencia en las zonas más descuidadas por los locales, como por momentos se hizo en Vallecas, debería ser una de las claves de Lucas Alcaraz para sacar los tres puntos en su visita al Estadio de los Juegos del Mediterráneo.

Siendo así como dicen los del Granada que es el Almería, conociéndolo como dicen conocerlo y sabiendo cómo jugarle es extraño que se hayan llevado 3 goles en contra de su visita a Almería. Pero, en fin, de estas cosas son así. En la web del MARCA dicen que las claves del partido han sido:

  • Sobre la intensidad.- Puso más empeño el Almería en imponer sus intenciones al Granada. Fue superior en todas las líneas y controló el duelo sin problemas casi todo el partido.
  • Sobre el acierto.- Los locales tomaron mejores decisiones en los últimos metros y consiguieron desarbolar a una insegura defensa granadinista.
  • Sobre porteros.- Esteban y Karnezis protagonizaron una exhibición de reflejos bajo palos en la primera media hora de la segunda parte.asas

Hoy, después del partido, el que escribe en la web del Granada es Álvaro López que titula su crónica ‘Pesadilla después de Navidad’:

Derrota clara y contundente del Granada en Almería. Un encuentro pésimo de los granadinistas que no tuvieron opciones durante ningún momento. Tan sólo se libraron de la quema Karnezis, que salvó de la humillación al Granada y Brahimi y Piti que algo lo intentaron. Un Almería sublime demostró que la intensidad es buena parte de una victoria y de eso carecieron los granadinos.

Noche de reencuentros en los Juegos del Mediterráneo. Lucas Alcaraz volvió a uno de los últimos escenarios en los que demostró ser un técnico bastante competente que le ha llevado dirigir al equipo de su tierra. Un Granada que hoy debutaba en la máxima categoría en el estadio almeriense en un duelo inédito en la Liga BBVA. Y sobre todo reencuentros porque volvió el fútbol con el año nuevo.

Aunque los primeros compases de juego correspondieron por lógica al Almería, pues jugaban en casa y debían ir a por los tres puntos, fue el Granada el que mediante el trivote comenzó a templar el juego con un Brahimi muy móvil por el flanco de ataque. Sin embargo quien más peligro llevó durante esos minutos fue el Almería con muy buenas acciones a balón parado y un público enchufado. Merced a ello, Dubarbier hizo el primero en el minuto 13 de partido tras un buen centro de Aleix Vidal.

Tras el gol el Granada comenzó a echar en falta a su centro del campo. La gran presión del Almería mermó las capacidades de mantener la posesión para los de Alcaraz y comenzaron a rifarse demasiados balones. Y como los males nunca vienen solos, la indolencia granadina se vio pagada con un penalti en contra que puso el dos a cero para el Almería a la media de hora de partido. Y todo por una gran diferencia: la intensidad que los locales sí tenían y que los granadinos no tomaron.

Para ver cómo estaba siendo el drama granadino sólo había que ver a un Iturra desesperado achicando balones en un centro del campo en el que se sentía sólo al tiempo que Piti era el único que lo intentaba con algunos destellos de Brahimi. Destellos que sirvieron para acabar la primera parte más cerca del área de Esteban pero con insuficiente intensidad para lograr acortar distancias.

Dispuesto a cambiar las cosas, Lucas Alcaraz decidió mover el banquillo en el descanso y quitó a un indolente El Arabi que no había comparecido sobre el césped almeriense dando la alternativa a Riki. Un Riki dispuesto a seguir sumando méritos para ser titular. Pero el toma y daca lo comenzó de nuevo el Almería cuando estuvo a punto de marcar de corner nada más rodar de nuevo el balón. Karnezis estuvo muy acertado para despejar la bola. Demostrando que el meta había olvidado su regular partido en Copa frente al Alcorcón.

La intensidad impuesta por el Almería en los primeros cincuenta minutos comenzó a pasarles factura. Ello unido a que Alcaraz introdujo a Buonanotte, hicieron ver una sensación de que el Granada crecía en juego pero en poco más. Alguna ocasión aislada pero sin peligro real. Demasiado conformismo granadino que parecía más ir ganando que querer merecer al menos empatar.

El partido acabó en el 81 de partido cuando Vidal aprovechó un contragolpe para hacer el tercero y certificar la muerte granadina en los Juegos del Mediterráneo. Partido para olvidar de los granadinos que no fueron ni la sombra de lo que han demostrado hasta ahora en la Liga. El peor encuentro de la Liga muy posiblemente.

Vaya por Dios. Y no será porque no tenían claro cómo evitarlo. Ni porque no fuera fácil con un equipo tan ‘inocente’ enfrente.

Una primera edición de la biblioteca de un alcalde

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Emilio Pérez Manzuco fue alcalde de la ciudad entre 1948 y 1957, con un bigotito muy del gusto del Movimiento y sus maneras grandes de hombre con poder. Fue abogado del Estado antes de nada y el alcalde que coronó a la Virgen del Mar con el frac equivocado aquella mañana. Luego fundó el Automóvil club y organizó el rally ‘Costa del sol’ de la que se ha corrido este año la 39ª edición. A todo esto, de unos años a esta parte le da el nombre que no le da nadie a la plaza circular. En 1939 o a saber cuándo, se compró en Madrid, Una isla en el mar rojo, el libro de Wenceslao Fernández Flórez que cuenta las peripecias de un señorito en el Madrid republicano durante la Guerra civil y para añadirle morbo al asunto o darle valor al libro (que costó 10 pesetas de la época), lo compró en la librería San Martín, la misma en cuyo escaparate asesinaron a Canalejas. El  libro fue todo un éxito de ventas de la época. Apenas un año después de publicarse ya iba por la décima edición. Para mí tiene valor haber encontrado una primera pero, sobre todo, que haya pertenecido a Pérez Manzuco. Lo encontré ayer, en una tienda de objetos usados y desgastados que hay al final de la carretera de Granada, poco antes de llegar a la Cruz de Caravaca.